Nuestra Niña Interna (Mindfulness)

Tal vez nuestra niña interior tenga mucho miedo y mucha ira acumulados por estar abajo, en el sótano, durante tanto tiempo. No hay forma de evitarlo. Por eso es tan importante la práctica del mindfulness. Si no hay atención plena, es muy desagradable que esas semillas suban. Pero si sabemos cómo generar la energía del mindfulness, resulta muy curativo invitarlas a subir todos los días y abrazarlas.

La primera función del mindfulness es reconocer en vez de luchar. Podemos pararnos en cualquier momento y tomar conciencia de la niña en nuestro interior. Cuando reconocemos a la niña herida por vez primera, lo único que tenemos que hacer es ser conscientes de que existe y saludarle con un «hola». Eso es todo. Tal vez esa niña esté triste. Si lo notamos, podemos inspirar y decirnos: «Al inspirar, sé que la tristeza se ha manifestado en mí…Hola, tristeza. Al espirar, cuidaré de ti».

Una vez que la hemos reconocido, lo siguiente es abrazarla. Se trata de una práctica muy agradable. En vez de luchar contra las emociones, cuidamos de nosotras mismas. La atención plena trae consigo un aliado, la concentración. Los primeros minutos que pasemos reconociendo y abrazando con ternura a nuestra niña interior nos procurarán cierto alivio. Las emociones difíciles seguirán estando allí, pero ya no sufriremos tanto.

Un tercer momento es suavizar y aliviar las emociones difíciles. Solamente con estrechar a nuestra niña entre los brazos con ternura estaremos calmando nuestras emociones difíciles y podremos empezar a sentirnos a gusto. Cuando abracemos las emociones fuertes con atención plena y concentración, seremos capaces de ver las raíces de estas formaciones mentales.

Sabremos de dónde procede el sufrimiento. Cuando sepamos cuál es la raíz de las cosas, disminuirá nuestro sufrimiento. Así, la atención plena reconoce, abraza y alivia.

La energía del mindfulness contiene la energía de la concentración, así como la energía del discernimiento. La concentración nos ayuda a centrarnos en una sola cosa. Con la concentración, la energía de la observación se vuelve más poderosa y es posible el discernimiento. El discernimiento tiene siempre el poder de liberarnos. Si la atención plena está presente, y sabemos cómo mantenerla viva, la concentración estará también presente. Y si sabemos cómo mantener viva la concentración, también aparecerá el discernimiento. La energía del mindfulness nos permite observar en profundidad y lograr el discernimiento que necesitamos para facilitar la transformación.

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